La semana pasada en el valle de Indio en la soleada y lejana California se realizó una nueva versión del Festival de la Música y Artes de Coachella. Para los que no están familiarizados es algo similar a Woodstock pero sin la autorreferencia y el lsd. Los que fueron al Vive Latino se imaginan el cuento, es parecido pero sin la opresiva y latera publicidad. Bueno, no exactamente parecido. Póngales tres días, cuatro escenarios, las celebs gringas del E! y el regreso de una de las bandas cumbres de los noventa y estamos por ahí.
Estando tan lejos aquí (y siendo el Webcast de AT&T la mentira más grande del mundo, para mi computador por lo menos) no queda otra que fantasear e imaginarse lo que iría a ver si viviese por esos lares.
Viernes
2:30: Me veo entrando con el calor infernal y la botella de agua en la mano (sin el cigarro porque allá arman mucho atado) a ver a Noisettes, que es otra banda de la oleada post-punk que iniciara con Franz Ferdinand y Strokes. Tocan una buena media hora. Espero ahí mismo y me muevo al centro para ver mejor al grupo que sigue, Tokyo Police Club. Es como la evolución de Strokes, y eso que sólo han sacado un ep de 20 minutos. Cheque a fecha.
4:55: Voy al Outdoor Theatre, que es más grande que Mojave, donde estaba (que crueldad de los organizadores poner nombre de desiertos a los escenarios chicos) y veo a Kevin Barnes todo flamboyante con tul y polleras sintéticas. Of Montreal, claro. Pop sicótico, con letras rarísimas, pero pegan mucho al estilo de música que tienen.
6:25: Le hago el desprecio a Amy Winehouse y su pose de Kate-Moss-en-potencia y prefiero a los megahyped Arctic Monkeys en el Coachella Stage, el más pulento de todos los stages. Blink 182 en esteroides. No, mentira, si estos son buenos. Mucha pendejería en la gente, me imagino, pero hacen temas desde la furia proletaria y el carrete british que siempre entretienen.
7:40: Podría ver que hace nuestra compatriota latinoamericana Julieta Venegas, pero su escenario está lejos y no me gusta tanto en realidad. Tampoco me gusta tanto lo que viene, pero ver The Jesus and Mary Chain con Scarlett Johansson tocando Just Like Honey (el tema de Lost in Translation, loco) no se ve todos los días.
9:30: Ver en vivo a Interpol debe ser increíble. Tienen tantos temas, sus riffs de guitarra para agitar la cabeza y sus sutilezas neoyorkinas tan bien armadas. Y con toda la onda de su puesta en escena, uniformados con trajes de diseñador.
10:45: Se debe amar a Bjork. Es la eterna ídola, la inigualable. No me importa que le digan fea, es el cisne en un mar de patos. Única. Aunque Medulla no me gustó y tengo reservas respecto a Earth Intruders, lo nuevo, ver en vivo Human Behaviour o Army of Me es como para contárselo a los nietos.
Sábado
2:55: Nuevamente en Mojave para ver otra banda británica emrgente. The Fratellis son levemente conocidos por un tema suyo convertido en jingle para un comercial de Ipod. Jet II. Aunque no terminarán como ellos, lo presiento.
3:50: Llego al Coachella Stage para ver a Regina Spektor. Es como la fusión de las Javieras Menas, Frans Valenzuelas del mundo en un pequeño pauquete ruso. Es multi-instrumental y el género suyo es anti-folk, para que sepan. Muy genio ella.
5:05: Me imagino muy contrariado viendo a The New Pornographers en el Outdoor Theatre, porque los escogí a ellos sobre Travis y Peter Bjorn and John. Tan contrariado que no creo que los pesque mucho, hasta que toquen Twin Cinema por lo menos. Pero todo vale la pena para tener una buena ubicación para lo que viene, The Decemberists. Uno de mis favoritos del 2006, The Crane Wife es excelentísimo, igual que todo lo previo. Un grupazo. Lo único que lo puede superar es lo que viene.
7:30: The Arcade Fire es la banda más grande del nuevo siglo, sin discusión. Un deleite sonoro total. La única banda perfecta que no se llama Radiohead. Una explosión de cuerdas, voces, sonidos. No, increíble. Imagino que necesitaré un tiempo para reponerme de tal experiencia. Además, no hay nada muy interesante hasta...
9:30: Sahara es donde se concentran los actos electrónicos. Por eso James "LCD Soundsystem" Murphy toca acá, aunque, por mérito, debería tocarle el escenario principal. En cambio está en una carpa enana con el sonido retumbando y el calor apestoso. Todo por bailar Daft Punk Is Playing at My House. Me quedo a ver un rato de The Rapture, la mejor banda del rarísimo subgénero que es el Dance Punk. Pero muy normal ellos.
11:05: Primera vez en Gobi para ver a Keigo Oyamada, mas o menos conocido como Cornelius. El hombre es dj, guitarrista y vocal, todo en uno. El último disco, Sensous, reavivó mi amor por él. Fantasma debe ser el mejor disco electrónico de la vida.
Domingo
1:45: El último día parte con todo el hip hop que no he escuchado en lo que va de festival. Lupe Fiasco es el rapero negro más amado por los blancos del momento. Al menos hasta que Knaye West o Gnarls barkley saque otro disco. Las letras son muy coherentes, a pesar de rapear sobre skates. En el Outdoor Theatre veo la segunda parte de Mando Diao. Muy influenciados por Blur ellos. Vuelvo al Coachella Stage para Explosions in the Sky. Esta banda es única. Los temas duran siete minutos mínimo, pero se pasan en dos. Muy post grunge ellos.
4:40: En Mojave suena In the Morning, de Junior Boys, canción que me trae demasiados recuerdos, mas o menos felices, de un carrete del año pasado. El So this Is Goodbye es pedazo de disco, una electrónica muy piolita, pero bien hecha que no te hace perder el interés.
6:05: Vuelta al escenario mayor para ver a los roqueros británicos Kaiser Chiefs. Todo por Ruby, su nuevo single, muy bueno. Ponen un buen espectáculo, que es lo más importante cuando el sol pega tan fuerte.
7:10: Klaxons tiene mucho futuro. Son puro talento, hacen buenas canciones, son bailables, pero meten guitarra y batería. Es la potencial banda snob. El artista que viene ya es la nueva Madonna, como se ven las cosas. Y me extraña que le haya tocado Mojave, que no es muy grande. Lily Allen, la agrandada, del acento londinense y de los temas dirigidos a los ex. La que viene a Chile el primero de septiembre.
9:15: Veo Manu Chao sólo para agarrar buen puesto para lo que viene. El gran final, la cúspide de tres días de música insuperables. Rage Against the Machine. La guitarra de Tom Morello, las rastas y las rimas ensangrentadas de Zach de la Rocha. Es la furia hecha música, para saltar y gritar como loco. Una hora y cuarto fuera de este mundo, para sentirse de vuelta en 1999, cuando compré el casette de The Battle of Los Angeles y me rendí ante tal violencia estereofónica. Para despegarse del mundo por una hora y cuarto.
Algún día iré allá. O a los fetivales de Europa o Japón, lo juro!
*Este es un autoplagio de mi antiguo y efímero blog y lo copié exactamente igual de donde estaba antes, ni una coma más o menos. Lo copié porque no se me ocurre poner nada nuevo hoy y quiero publicar alguna hueá.
lunes, 21 de mayo de 2007
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