Un gran año para la música, bueno, para mi cada año es mejor que el anterior, esperemos que la tendencia se mantenga. Muchos buenos álbumes no entraron, como Spoon, School Food Punishment, Lupe Fiasco o Anatakikou, pero prefiero destacar el regreso de buenas bandas como Smashing Pumpkins y Naht, que hicieron de este año memorable.
Sin cover, porque es una soberana lata.
50. Qomolangma Tomato – チョモと僕は柵の中
Apenas queda en la lista. Buen debut, con claras influencias del prog rock mukaiano y de ese estilo de música indie que sólo se logra en Shibuya. Esta es una banda que, a pesar de subir los decibeles en su destacado single “Through Your Reality”, logran compilar algo mucho más sustancioso que una sucesión de gritos.
49. Kanye West – Graduation
Álbum decentito del talentoso Mr. West. Sin el toque maestro e intempestivo de sus otras creaciones pero Kanye apostó bien sus fichas. Es que con Kanye pasa lo mismo que con los grandes y consagrados, uno espera algo más, pero ahí uno se da cuenta que este es recién su tercer lp, y otros raperos menos capos pero con más bling bling pasan su vida entera sin un disco la mitad de sólido que este. Mención aparte merece el gran video de “Stronger” con la pulentísima aparición de los robóticos Daft Punk.
48. The Pillows, Wake Up! Wake Up! Wake Up!
Como todos saben, Sawao y los suyos van en la curva descendente de la capacidad musical, los años de Happy Bivouac nunca se vieron tan lejos y el single promocional “Scarecrow” no hizo más que reafirmar mis dudas. Pero me vi gratamente sorprendido, no tratan de abarcar mucho, sino que mantienen un sonido constante (pop eléctrico melódico) sin alejarse mucho de ello, pero con buena efectividad. Bien por ellos.
47. Yura Yura Teikoku – Hollow Me
Keigo Oyamada lo llamó uno de los discos del año cuando fue entrevistado por Pitchfork. Bueno, habrá que hacerle caso al mandamás de Cornelius, pero lo cierto es que el disco, si bien alcanza profundidades pop/shoegaze desconocidas, lo hace en el márgen del mainstream, como si se autoimpusieran un límite. De todos modos, es un gran álbum y el más accesible de la banda psicodélica japo.
46. The Back Horn – The Back Horn
Bajaron respecto del año pasado. Back Horn busca nuevamente la reinvención, ahora abrazando definitivamente un sonido comercial (ahora suben en el Oricon como la espuma), Yamada dejó de gritar a la Yomigaeru Hi, quizás su colaboración con la Hikaru lo haya influenciado más de lo que creemos. En fin, el álbum tiene sus momentos, pero lo cierto es que la banda rock japonesa por excelencia de los últimos años se nos está yendo indefectiblemente.
45. GO!GO!7188 – 569
No hay álbum en todo el año que me deje con tantos sentimientos encontrados como este. Por un lado está bien, alteraron su sonido, a veces la apuesta les salió de pelos como en Ashi no ke o Nounai Traveller (gran single), otras veces, como en la mitad final del disco, parecían cojas, los instrumentos no se terminaban de encontrar (su fuerte, usualmente) o lo hacían de forma muy precaria y que costaba que sonara como debía. Un ensayo correcto, pero no más que eso.
44. The Go! Team – Proof of Youth
Su apuesta, la de incorporar sample tras sample tras sample de canciones viejas, agregar beats electrónicos y voces de rapera étnica, aunque de primera sorprende y agrada positivamente, termina por aburrir y encontrar todo igual. Eso pasaba en Thunder, Lightning, Strike y eso pasa ahora de nuevo, pero menos. Es difícil notarlo, pues es casi imperceptible, pero han afinado el sonido y las canciones son más sólidas y no se te olvidan altiro como en su debut.
43. Modest Mouse – We Were Dead Before the Ship Even Sank
Sólido esfuerzo de Isaac Brock. Poco a poco, con ya tres muy buenos discos, Modest Mouse se pone a la vanguardia de la música americana, muy por cierto que aún dentro del indie, del que ya es uno de sus estandartes. Eso demostrado por su muy buena acogida comercial, que lo puso en el número 1 del Billboard de U.S. En cuanto al disco, canciones rápidas dentro de su propio márgen apropiado, que suenan mejor cuando son dejadas a su libre voluntad, como en el gran primer single “Dashboard”.
42. The Hives – The Black and White Album
Sólo al juzgar por el título del álbum, uno pensaría que se trata de uno trascendental en su carrera, o de al menos uno que marque alguna diferencia. Esto último es muy cierto al escuchar lo nuevo de la banda punk sueca. Las guitarras trasheras de antes se han expandido a un bajo pronunciado y canciones que se empinan más allá de los tres minutos. Vaya, no se si es mejora pero si un cambio. El resultado es variado, pero funciona más veces que las que no.
41. 8otto – Real
La banda del futuro, a la que hay que observar de cerca, la que más pronto que tarde le darán su contrato con una firma major. Los chicos surgidos en MySpace hacen rock pulcro, con sentido de ubicuidad y del tiempo, muy a la antigua, pero que tiene resultados muy positivos, hacen rock fuerte sin sonar excesivamente alto. Del disco se destaca claramente “1977”, una canción, que al menos por título, nos dice que los chicos parecen salidos de otra década.
40. Lunkhead – Force
Este año pensaba que la gran estocada del pop rock eléctrico japo la iba a dar o Snowkel o Onsoku Line. Pero de la nada apareció esta banda con su cuarto álbum de larga duración que juraba que iba a tronar como el horrible Lunkhead anterior, un disco popero predecible y latero. Ahora afinan los sentidos, toman nota de lo anterior, siguen con el pop, pero con guitarras ajustadas, subiendo el ritmo y dan en el clavo con temas que suenan fuerte y son tan pegajosos como cualquier himno pop. Muy bien.
39. Queens of the Stone Age – Era Vulgaris
Josh Homme te dirá que no, pero la ausencia de Nick Olivieri aún le pesa a la ya pesada banda americana. Este rock medio cósmico y volado que hacen ahora se concentra en cada tema como si cada canción fuera un álbum en chiquitito, bien diferentes entre si, tanto, que tiene sentido. En algún momento, este intento por hacer de todo en cada tema funciona bien, pero a veces suena a mal practicado y aburre. Igual, hay esperanza para el mejor roquero solitario del norte.
38. Okkervil River – The Stages Names
En cuanto a letras, el mejor álbum del año. El frontman Will Sheff tiene una particular y desgarradoramente honesta forma de verse a sí mismo y al resto como nos narra en este, su segundo disco. La música en sí no me convence tanto, al menos no como en Black Sheep Boy, su otra joyita, pero entre todo es un gran álbum de una banda que no suena mucho pero que poseen una fuerza tremenda.
37. MO'SOME TONEBENDER – Super Nice
La mayoría odia las últimas producciones de la muy veterana y recorrida banda, digamos, desde el The Stories of Adventure hasta acá. Yo entiendo que el sonido duro, agresivo y medianamente improvisado se ha perdido, pero aún les quedan un par de ases bajo la manga. O sea, los dos temas que abren el disco (“Tiger” y “Jack the Tripper”) debe ser de lo mejor que han escrito desde hace mucho tiempo. Además, el traspaso a esta electronica agresiva tipo Boom Boom Satellites no deja de ser interesante.
36. Boom Boom Satellites - Exposed
El dúo electronico nipón nunca defrauda. Sus álbumes son poderosos, pegajosos y efectivos, algo difícil de lograr en un género tan limitado como la electronica tipo progressive, que, hace una década, se suponía iba a reemplazar al rock. A pesar de las reservas y vicisitudes del tiempo, la banda continúa siendo vigente y estelariza los line-up de los festivales japos. Lo demuestran con un álbum, que revaloriza su fórmula, no le agrega nada nuevo y tampoco le saca nada, sólo profundiza.
35. Wrong Scale – Bed and Board
El disco que the band apart hubiese deseado hacer, como leí por ahí. Porque Wrong Scale no descubre América ni mucho menos, el rock sofá con toques funky ha estado en el rock de Faith No More en adelante, la banda lo sabe bien y adelanta sus líneas y ataca con guitarras fuertes, riffs mejores aún y continuidad que dura a través de todo el disco. Una banda que resurge de las cenizas de la mediocridad después de dos producciones, y que creemos, sus mejores tiempos aún no llegaron.
34. Black Rebel Motorcycle Club – Baby 81
Una banda que nadie pesca ya, pero, honestamente, ¿que otra banda gringa hace mejor garage rock que ellos? Con el batero Nick Jago (lo menos interesante de ellos, a decir verdad) de vuelta en la agrupación, vuelven con su cuarto lp después del complicado de definir Howl con todas las ganas de volver a sus raíces roqueras. Ya no tan sicodélicos a la Jesús and the Mary Chain como antes, es el disco donde mejor manejan los tiempos y facturan su single más comercial a la fecha, “Weapon of Choice”. Despuntan también “Not What You Wanted” y “Lien on Your Dreams”.
33. Interpol – Our Love to Admire
De las tinieblas del post-garage, la banda avant-garde rock neoyorkina estrena su tercera producción, la que esperamos termine de una vez por todas como asentarlos como uno de los mejores actos rock que hay, cosa que ni Turn on the Bright Lights ni Antics han hecho en el pasado. La fórmula es esencialmente la misma que antes, la ronca voz del vocalista Paul Banks colindando con la oscura guitarra, más selecciones de cuerdas y otras minucias agregadas, hacen del álbum un muy buen sucesor a sus dos previas creaciones.
32. The Rakes – Ten New Messages
A mitad de año pensaba que era de lo mejorcito del año, pero se me fue cayendo a medida que éste pasaba, además de que aparecieron otros símiles aún mejores (léase The Cribs). A quienes son familiares a su disco debut Capture/Release, la cosa no ha evolucionado mucho, aunque han afinado el sonido, son capaces de hacer algo más uniforme y constante y no sólo una sucesión de temas con uno o dos que sobresalgan. A los brits esto de hacer rock medio punk medio dance les viene bien y deberían de tratar algo más aún en esa dirección. Como Franz Ferdinand o …
31. The Cribs – Men's Needs, Women's Needs, Whatever
Estos chicos entendieron lo que había que hacer y lo hicieron bien. Se aliaron con Andy Wallace, un conocido productor alt-rock y un tal Alex Kapranos para su segundo disco y transformaron un poco su sonido, aún llevado por guitarras, pero sin la saturación a la que podría conllevar, todo por el contrario, es un álbum fino, exacto y bien concreto, como se muestra en el gran single “Mens Needs”, un tema sobrio pero potente cuando puede y quiere. Algo que se agradece y se destaca.
30. Tokio Jihen – Variety
Shiina Ringo vuelve por tercera vez con su apuesta rock/jazz/electro/avantgarde, pero menos inspirada que en las dos previas ocasiones. Es decir, los temas siguen siendo igual de pegajosos y buenos, pero faltan los grandes momentos. “Killer Tune” es buena, pero menos que otros singles anteriores, “Osca” tiene demasiados chillidos de la Ringo y por el medio todo se pierde. Sigue siendo un disco sólido, todo muy bien construído, pero la novedad a la que nos tenía acostumbrado falta y se echa de menos.
29. Yeah Yeah Yeahs – Is Is
Si, entiendo que tenga sólo cinco temas, algunos ya conocidos como “Rockers to Swallow”, pero, considerando sus álbumes previos, éste es el mejor. La riqueza sonora a la que llegan no se encuentra ni por si acaso en su discografía, desde la trashera “Down Boy” a la medio shoegaze “Isis”, todo bien enhebrado y entendible, en clave alt-rock característica de los YYYs, pero capaz de convencer a las masas. Esperemos que sigan en esta dirección, a pesar de ser elaborado durante la gira de Show Your Bones, asi que, esperemos que den un paso atrás.
28. 100s – Al!!!!!!
El título más imbécil de la vida, casi me quedo ciego contando los signos de exclamación, pero el disco obvio que no lo es. O mas o menos, no se, la música de esta banda coral japo es como para cabros chicos, pop llevado por guitarras melódicas, con una voz de esas que no se creen, 100s se destacan en una apuesta bien piola y capaz de dominar un estilo de música pop sin llegar al bubblegum. Aunque falto un tema tipo “Honeycome.ware”.
27. Vola & the Oriental Machine – Android –like a house mannequin-
Inazawa necesitaba muuucho este disco. Aquí por fin se saca todo la infinita influencia mukainesca, desde Number Girl, pasando por Zazen Boys hasta el primer disco de los Vola, Waiting for My Food y, de paso, comienza un camino propio, con un sonido distintivo, guitarras eléctricas cada vez más cerca del postgrunge brit que del propio japo e Inazawa cada vez con más confianza como vocalista, lo que no es necesariamente algo bueno. Destacan “Mexico Pub” y “Hane no Hikari”.
26. The Long Blondes – Someone to Drive You Home
La carismática vocalista Kate Jackson, que esté en la vía rápida para convertirse en sucesora de Deborah Harry, más que Lily Allen, lidera este novel quinteto de Sheffield que, en su primer álbum, habla de fin de semanas sola y sin maquillaje. Esta es como la nueva ola british. Los cabros no sólo tienen el estilo glam rock, también la música, que es como un resumen del rock de la isla, new wave, post punk y pop noventero tipo Pulp, demostrado en el tremendo single “Giddy Stratospheres”. Escucharemos algo suyo nuevo pronto, en abril sacan nuevo disco.
25. The White Stripes – Icky Thump
Los hermanables Jack y Meg White ya no saben que hacer para sorprender a la audiencia. Entonces, que tal si sacan, en teoría, una nueva versión de De Stijl, le ponen adornitos y todo lo que han aprendido sobre producción musical en estos últimos años y listo. Y que mejor, si los Stripes son capaces de hacer lo viejo nuevo, y toman melodías salidas del blues de los 70 y las dejan como garage rock del nuevo milenio. Icky Thump no es tan genérico como su predecesor ni tan ruidoso como el anterior a ese, pero es lo más sólido que hayan hecho. Aunque en el fondo ya lo hayan hecho antes.
24. Toddle – Dawn Praise the World
Otra ex Number Girl, la muy talentosa Tabuchi Hisako con otra muestra de autoindulgencia positiva. Toddle es fuerte, ruidoso y poderoso sin exagerar, con vocales defectuosas (aunque ha mejorado, si) y el sonido permanece retumbando en los oídos. Dicho esto, el mejor aspecto de Toddle y que se hace manifiesto en este disco más que en su debut I Dedicate D Chord es la facilidad que tiene la banda de Tabuchi de mezclar rock y pop indie, hacerlo bien y que todo parezca uniforme. Aunque de repente se les vaya la mano, las chicas necesitan urgentemente un single tipo himno.
23. LCD Soundsystem – Sound of Silver
En los noventa fueron Chemical Brothers y Prodigy, o sea, el progressive, ahora es DFA Records. James Murphy ha redefinido a la música electrónica, energizándola y transformando a un género moribundo y fome en uno que, a ratos, es foco de atención en el mundo musical. ¿Se traspasará esto a su propia banda? La fórmula es la misma que en su homónimo debut, pero siento que las melodías no son lo suficientemente atratctivas ni contagiosas como “Tribulations” o “Daft Punk Is Playing at My House”. Lo se, yo también odio comparar así, pero no me queda de otra. Igual, es tremendo álbum, el mejor de su género del año.
22. Chatmonchy – Seimeiryoku
Antes de este año no sabía quienes diablos eran y ahora me cuesta pasar un día sin escuchar la monumental “Shangrila”. Está de más decir que en el reino de los grupos dominados por chicas hay una nueva reina, muévanse GO!GO!. La receta es similar, pero mucho más explosiva, sin la singular combinación instrumental pero con un bajo sólido que lleva el ritmo de los temas. Las chicas ni se despeinan para terminar con uno los discos revelación del año.
21. Smashing Pumpkins – Zeitgeist
¿Por qué la crítica musical odió el regreso de la banda de Corgan/Chamberlain? ¿Qué hay que odiar en este disco? Está el lado poderoso (“Doomsday Clock”, “Tarántula”), épico (“United States”), melancólico (“Bleeding the Orchid”) y soñador (“That’s the Way (My Love Is)), es decir, lo que siempre han hecho los Pumpkins a través de su discografía (menos Machina). Otros criticaron que no era un regreso tal cual, faltando Iha y D’arcy. Uy, como bCorgan les ha dejado hacer algo a ellos antes. La gente ya no sabe porqué criticar.
20. Nil – The Painkiller
Yo ya estaba chato de los EPs de nil, a pesar de que los disfruté, especialmente Scherzo. Ya han asado dos años desde el gran Excalibur, una eternidad para los estándares japoneses y la banda de Tetsu Takano se extrañaba. La gran sorpresa es el cambio de ritmo, ahora ya no tiran todo de una vez como al principio, léase “Hate Beat!”, ahora moderan la hora de roquear y prender los amplificadores, como sucede en “Manwoman” o la gran “My Name Is Misery”. Hasta se atreven con temas más largos, con arreglos prolongados y guitarras acústicas al estilo Ágape.
19. The Good, The Bad & The Queen – The Good, The Bad & The Queen
A principios de año, la crítica amó este gran debut, pero al final fueron olvidados. Llámenlos los “Zodiac” de la música, para los que saben de cine. Bueno, Damon Albarn armó esta banda con mucha gente conocida y talentosa en diversos rubros y estilos y, lo que pensaba iba a sonar como una ensalada musical, termina conectándose muy bien. Porque, imagínense, música negra más brit pop noventero más punk más producción de Danger Mouse (Gnarls barkley). Eso y todo, el genio de Albarn los hace combinarse bien, sirviéndose a sus propósitos y resulta un tranquilo, relajado álbum de rock alternativo.
18. Condor44 – Good Bye 44th Music
Condor44 es de esas bandas japo que, dentro de la irregularidad de la escena indie rock de Tokyo, uno tiene que aprovecharlos, porque lo más posible es que lancen un disco, un par de singles y se retiren a la oscuridad más absoluta. Eso parecía que iba a ocurrir con ellos, ya que pasaron cuatro años desde su último respiro conocido, 00203. Ahora nos sorprenden para bien, ellos hacen un rock lo-fi, capaz de emerger en cualquier momento y atacar los oídos de los fans en una vorágine de guitarras desatadas, como una especie de Mars Volta. Y,a diferencia de otras bandas como Toddle, tienen la vocación de facturar temas oreja, como “Ru’s Rock”.
17. Sakanaction – Go to the Future
Quizás me apuro acá, pero este debe ser el debut del año en el pop japonés o en Japón en general. El sonido es un electro pop a la Supercar, pero capaz de atreverse con temas instrumentales y fundirlos a su música, como Quruli en sus mejores días. Los chicos hacen música derechamente bailable, pero no de la que abunda en las discos de Shibuya. También es destacable el teclado y el sonido synth, que los diferencia de la otra gran banda pop Base Ball Bear, que, este año, ha entregado la antorcha.
16. Of Montreal – Hissing Fauna, Are You the Destroyer?
La imagen que tenía yo de Kevin Barnes, aka, Of Montreal, era del chico que hacía electrónica furiosa trance en Satanic Panic in the Attic (gran título) y que no me llamaba demasiado la atención. Pero ahora el oriundo de Athens, Georgia hace lo mismo más una dosis de instrumentalización kitsch, arreglos de guitarra y teclados bien new wave, sumados a su voz de angustia por los químicos. A veces todo suena muy recargado y uno no sabe bien que escuchar de entre toda la música, pero es de todos modos un disco muy inspirado. La voz de Barnes en falsetto en “Suffer for Fashion” es tremenda.
15. Naht – In the beta city
Naht hace su milagrosa reaparición desde Spelling of My Solution que data del 2000. En su nueva entrega muestran algo muy distinto a lo visto en su epé del año pasado, Articuration. Acá suenan rápidos y bailables, todo con guitarras eléctricas de por medio. En el single “Skyline of the beta city” los chicos se lucen con un tema instrumental donde hacen alarde de su intacta calidad, de una banda que a tropezones se ha mantenido desde hace ya más de una década. La clave ha cambiado, ya no se las dan de rock grunge de Seattle, se han arrimado a otra rama en donde su talento se ve cien por ciento.
14. M.I.A.- Kala
Mathangi Arulpragasam, más conocida como M.I.A., sigue mostrando todo su talento y capacidad de innovación musical en su segundo álbum, más sólido que su debut. Sigue con la experimentación en el pop, agregándole elementos de todas partes, hip-hop, ragga, reggae y beats electrónicos. En las letras se arriesga tocando tópicos actuales como la globalización, la pobreza de los países tercermundistas y la inmigración. En fin, la chica sigue en su larga procesión en convertirse en la nueva princesa del pop alternativo, un sitial que le correspondió en algún momento a Bjork y que puede ser suyo pronto si sigue lanzando discos como este último.
13. Deerhoof – Friend Opportunity
Otro que estuvo medio olvidado a fin de año, en la que fue quizás la mejor producción de la primera mitad del año. Este es el álbum de la consolidación para la banda, que ya había sido reconocida por su labor en The Runners Four. Ahora integran sonidos que colindan definitivamente con el electro pop, dejan de lado las guitarras retro y hacen música del nuevo milenio, acompañada por la oportuna voz étnica de la Satomi Matsuzaki. Lo bueno de Deerhoof es que han sabido experimentar sin que suene a algo mal hecho o a medio finalizar sino más bien parte de su estilo como “The Perfect Me” o “The Galaxist”.
12. Arctic Monkeys – Favourite Worst Nightmare
Bueno, lo intentaron, tomaron el ángulo Franz Ferdinand y lanzaron su segundo disco en menos de un año. El resultado, al igual que le pasó a Franz es debatible. Por un lado es un registro bueno, han sabido demostrar que son más que el odioso hype inicial y que son una banda que está para quedarse. Al igual, se extraña esa fuerza incontestable de temas incendiarios como “When the Sun Goes Down” o “The View From the Afternoon”, a mí sólo me parece que “Brainstorm” y, a veces, “Teddy Picker” tienen ganas de reeditar lo hecho antes. Es que los Monkeys son una banda de rock puro y se están acomodando demasiado rápido a la confortable fama del roquero británico. Esperemos más en lo que vendrá.
11. Asparagus – Mont Blanc
Otra banda que vuelve de ultratumba, y que regreso. Asparagus dominaba a la perfección el punk rock adolescente hace cuatro años con Tiger Style, Kappa I y II, ahora hacen un regreso donde siguen con un sonido rápido y fuerte pero mucho más concentrado, menos melódico, con mayor consistencia que en las producciones previas. El disco, tambien, es fuerte en su unidad, se nota que fue trabajado exhaustivamente, no cuenta con temas sobresalientes ni con singles prominentes de rotación en MTV, pero es una explosión de buen rock que nadie se esperaba.
10. Fake? – Marylin Is a Bubble
Un disco pivotal para Ken Lloyd, algo que no crea pueda volver a repetir (especialmente después de escuchar su nuevo álbum con los resucitados Oblivion Dust). El camino para Lloyd sin su compañero de fórmula, el guitarrista ex-Luna Sea Inoran había empezado difícil después de Songs from Beezelbub, por leguas lo peor de su discografía. Ahora ha sacado un disco que rivaliza con The Art of Losing Touch como lo mejor que haya hecho la banda, con o sin Inoran. Aquí Lloyd decide no dejar que su instinto hardcore le saque lo mejor de si, se limita y hace algo más pausado, se guarda la guitarra eléctrica para los mejores momentos (“Not a Marylin”, “Afghan”) y el resultado es algo memorable, que dan ganas de volver a escuchar.
9. The Shins – Wincing the Night Away
Cuatro años han pasado desde su muy destacable Segundo disco Chutes Too Narrow. James Mercer y compañía sabían que era la hora de arriesgarse, ya se habían convertido en una banda de conocimiento general gracias a Natalie Portman en Garden State y con justificación, era hora de demostrar que lo mejor aún estaba por venir. Han lanzado un disco, más largo en extensión e ideas que los otros dos, que no quiere decir que sea más brillante, pero si han demostrado ser capaces de revigorizar su sonido. La armonía musical sigue ahí, con melodías atragantes, estilo Shins (“Phantom Limb, “Red Rabbits”) y arreglos instrumentales (“Black Wave”, “Australia”) han salido de su área de confort y se atreven a cambiar algo de su ya bien pulido sonido.
8. Maximum the Hormone – Bu Iikikaesu
Todos saben de lo que es capaz Maximum the Hormone, su música abarca géneros abandonados como el rapcore y el numeral hasta el punk o el pop incluso. Ya se sabía algo por lo escuchado en Rokkimpo Goroshi, pero en esta nueva entrega han conseguido asentar su sonido y darle forma a algo que, a primera vista, parece muy desparramado. El salto de género a género se nota en el cambio constante de vocalista, que puede ser de chico rapero a chica juguetona y chillona a chico metalero gritón, dependiendo de cómo vaya el tema, los cambios de ritmo son intensos y ocurren dentro de las mismas canciones como en “Bu Iikikaesu” o “Koi no Mega Lover”. Un gran mérito para una banda que va en alza.
7. Battles – Mirrored
Cada tiempo aparece una apuesta musical totalmente novedosa y atrapante que nos deja con la boca abierta, este año es Battles. Con miembros de gran currículum, la banda norteamericana hace un sonido calificado por los entendidos como “math-rock”, lo cual es en realidad post-rock bien, pero bien distorsionado y arreglado al máximo. Con vocales ininteligibles (“Tonto”), rapsodias en guitarras clave pop (“Atlas”) y sucesiones de guitarras monstrusas (“Tij”, mi favorita personal) hace todo bien exacto y concreto, poderoso e indetenible. Todo está hecho a la perfección, alrededor del monumental pilar que es Joe Stenier, el terrible batero de la banda, quien conduce los hilos de la maquinaria. Otro dato, en vivo son lo más espectacular que se puede imaginar.
6. 9mm Parabellum Bullet – Termination
Era difícil. Después de dos tremendas pero cortas entregas como Gjallarhorn y Phantomime, los chicos se decidieron por fin a entregar un elepé entero como dios manda. El reto era grande y lo han cumplido con creces. 9mm entrega un álbum entero y maduro, con sus guitarras eléctricas por momentos totalmente desatadas (“Termination”, Punishment”) y en otras recatadas y selectivas (“Butterfly Effect”, “The World”), pero siempre con el mismo resultado, rock de alto calibre, con grandes momentos, que saben jugar con la tensión musical y que siguen progresando, asegurando su sitial como la banda más poderosa del Japón.
5. Radiohead – In Rainbows
Yo parto de la premisa de que Radiohead siempre puede más. Thom Yorke, Johnny Greenwood y el resto son lo suficientemente talentosos como para entregar algo que emocione y destruya sensibilidades, que sea capaz de marcar una época. En su séptima entrega, la más dilatada y esperada de todas, los de Oxfordshire se depacahn un gran disco, lleno de momentos importantes, pero que se quedan ahí, para mi, no trascienden más de lo posible. Musicalmente, siguen muy aptos. El disco, a diferencia de Hail to the Thief, es decididamente instrumental, dejan de lado las laptops, siguen los lyrics depresivos (“Nude” es para colgarse del techo) y las grandes ideas que han hecho a Radiohead una de las bandas más brillantes que hayan existido. Sin embrago, eso no es suficiente para algunos.
4. The Arcade Fire – Neon Bible
La música de Arcade Fire no se detiene, sigue allí aunque haya terminado de sonar en tus audífonos. La banda canadiense sigue, al igual que en su debut, Funeral, siendo una máquina de escribir temas antémicos y poderosos, “No Cars Go” (original del epé Us Kids Know) y “(Antichrist Television Blues)” dan cuenta de este hecho, siguen construyendo atmósferas hipnóticas que atrapan y conmueven, los sonidos retumban fuerte como en el abridor, “Black Mirror”, son canciones de proporciones que se pretenden épicas y terminan siéndolo, en apenas el segundo disco de la banda. Es que los chicos de Win Butler ya se han asentado como imprescindibles de la escena actual. No olvidamos también lo mucho que apreciamos el mayor rol de la interesante Régine Chassagne en el disco.
3. Ling Tosite Sigure – Inspiration Is Dead
Ling Tosite Sigure (o Rin Toshite Shigure) era una promesa incumplida, todos sabían de su talento y de su forma de hacer rock en su estilo más crudo y pesado, sin embargo, todo quedaba en nada. Después de Feeling Your UFO del 2006 todos quedamos esperando algo más. Y este año, inesperadamente, nos llega. Ling Tosite Sigure se consume rápido, las canciones son demasiado volátiles, como el incendiario abridor “Nakano Hill You”, donde los riffs actúan como puentes entre la estructura total del tema o “Disco Flight”, el mejor tema del disco y donde se lucen. Los vocales, para muchos el talón de Aquiles indefectible, creo que termina siendo una virtud, la voz de ambos vocalistas, Miyoko Nakamura y Toru Kitajima, desesperada y sin aliento, hace una gran mezcla con el tempo de las canciones, como un agrgado que no pudiera ser más apropiado.
2. Sparta Locals – Maboroshi Forever
El batacazo del año. Sparta Locals estaba moribundo para la gran mayoría después del decepcionante Sparta Locals del 2006. Pero rápidamente se dan cuenta del error, terminan su gira, traen nuevo batero y vuelven al estudio. A mitad de año lanzan lo mejorcito de su discografía, junto con Second Fanfare (2003), lo que necesitaban hace mucho tiempo, una revalidación de que las aptitudes siguen allí. Y lo logran a lo grande, con el sonido post-punk melódico, las combinaciones apropiadas entre guitarra, bajo y batería, en fin, la dinámica típica de Sparta Locals. Destacan temas como el poderoso “Maboroshi Forever”, la soñadora “IdOL” y el melódico “Heibon Gyangu”, la banda de Abe Kousei toma un nuevo aire y comienzan consolidados a construír un nuevo futuro.
1. Klaxons – Myths of the Near Future
No le estoy copiando a NME, esta lista la hice antes. Este quizás no sea el mejor álbum del año para muchísima gente, pero es una gran apuesta, innovadora y alocada, pero que funciona a la perfección, es, en definitiva, un debut tremendo y que augura un gran futuro. Klaxons hace art-rock posmoderno, con lyrics que hacen alusión a obras de Thomas Pynchon y William Burroughs, con influencias de rave y sonidos electrónicos, así como una pizca de post-punk. O sea, un dance punk elevado a la cuarta potencia. Los temas son bailables como “It's Not Over Yet” o “Goleen Skanks” y roqueros como “Atlantis to Interzone” o “Gravity's Rainbow”, de disfrute general, una banda sin un techo dictado por la naturaleza de su música, que es capaz de borrar eso gracias a la creatividad y virtuosidad de la ejecución.
domingo, 9 de marzo de 2008
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