
Si algo me ha enseñado la vida es que no hay que creer en el best case scenario gringo, eso definitavemente no va a suceder. La música no es la excepción, ya que teniendo a The Rakes, quizás la mejor banda de dance post punk junto con Franz Ferdinand recorriendo Brasil junto con los Magic Numbers, ningún productor fue capaz de juntarlos y hacer un show más suculento.
Así comenzaba la noche, la expectativa era mínima, eso se reflejó en la cantidad de público que se asomó al Teletón, menos de 800 personas (eso y el exhorbitante precio de las entradas). Con eso a cuestas apareció la banda de hermanos que se conocieron en Londres en una escuela católica romana y tocó tres singles de entrada, "This Is A Song", "Take A Chance" y "Forever Lost". Una banda con apenas dos álbumes, sin el reconocimiento masivo y que toca tres de sus temas más conocidos de una frecuentemente hace que la noche les quede grande.
En ese momento apareció la figura de la bajista Michele Stodart quien se robó la película desde un comienzo, subió la intensidad a un concierto que auguraba medio chato y la gente se metió hasta el final. El bajo cobró inusitada relevancia en la banda, algo que no se percibe cuando se escuchan los lp, aunque también ayuda mucho la personalidad de la chica. Michele toca con desparpajo, mueve su larga cabellera al son de las temas, canta y deja el bajo en el aire. Después, en el encore, se atreve con la guitarra acústica y ella en el medio del escenario, cantando, la gente callada, observando y termina con el estallido de aplausos en una noche memorable donde Michele fue la estrella.
Algo bueno del concierto fue la desmitificación de Magic Numbers de ser esta banda suave, nueva copia de Beach Boys como hay miles. En el tremendo "Love Me Like You", con la que pensaba cerrarían, la banda puso al alcance del público su repertorio más roquero y sacudecabezas, con la lúcida guitarra de Romeo Stodart. En "Mornings Eleven" sucede invariablemente lo mismo, espero que en su nueva producción se decidad a abandonar el mamonismo de "Love's a Game" y se aventuren con algo más audaz.
El único pero es la mona Angela Gannon, bien nice ella y con una voz preciosa pero con cero desplante escénico y con una función en el armado que puede ser fácilmente reemplazado por un computador.
Dentro de todo, un concierto que superó tremendamente las expectativas, una hora y cuarto bien condensada y con momentos para recordar, como cuando Stodart pide sugerencias para el penúltimo tema cual wurlitzer y algún avispado de la izquierda gritó "Which Way to Happy" (que en vivo no es muy buena) o el ya sabido final con todos subidos en el escenario. Los ingleses demostraron que con los instrumentos saben mucho, mostraron temas sin fallas y con una que otra sorpresa, trayendo sorpresivo calor a la congelada noche santiaguina.

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